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II Conferencia Estratégica Sevilla 2020
Conferencia de clausura a cargo de Don Francisco Vallejo
2 de julio de 2010. Campus Palmas Altas. Sede de Abengoa.
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Primero quiero agradecer la invitación realizada por el alcalde, como senador y como vicepresidente de la Fundación para la Innovación Tecnológica, COTEC, para el cierre de este encuentro de participación ciudadana. Evidentemente estoy encantado. Siempre es positivo tener encuentros con los ciudadanos y tener la posibilidad de decir algo útil.
Primero, quiero hacer como introducción una reflexión sobre lo que estáis haciendo, que es la participación. Ahora que las encuestas dicen que probablemente, desde que llegó la democracia a España, es el momento en el que hay una mayor separación entre la ciudadanía y las instituciones democráticas. Creo que aquellos elementos que configuran la calidad democrática de un país son esenciales. Uno de los elementos clave en dicha calidad democrática de un país es la participación, porque al final “calidad democrática” es el grado de acercamiento entre las reglas de la convivencia y las aspiraciones sociales de los ciudadanos. Cuanto más próximas sean esas reglas de convivencia, su funcionamiento y las aspiraciones públicas, habrá más cercanía y aprecio a las instituciones democráticas. El aprecio a las instituciones democráticas se basa en dos cuestiones claves. Una es la mencionada calidad democrática, que no sólo es participación, también son libertades públicas, derechos de nueva generación, transparencia, lucha contra la corrupción, atención a las minorías, control al gobierno, objetividad en los medios públicos de comunicación, lucha contra la pobreza y marginación. Dentro de esto, la participación pública es un elemento esencial de calidad democrática.
Además del otro componente en mi opinión fundamental para el aprecio de los ciudadanos por sus instituciones, que es la eficiencia de la administración. El ciudadano no perdona la ineficiencia ni el derroche, y más en momentos de especial sensibilidad por la situación económica, y así aparece de manera clara en las encuestas de opinión.
Creo que la participación también influye en la eficiencia de la administración y sobre todo la participación durante el proceso de planificación. En primer lugar, porque fija mejor los objetivos, y esta mañana os habéis dedicado a eso, a fijar los objetivos de manera participativa, que todo el mundo se sienta representado. Eso es importante, pero fíjense, yo que he estado 14 años en el gobierno les digo, mas importante todavía es lo que facilita la gestión, la complicidad que existe entre administración y ciudadanía cuando se ha planificado conjuntamente, de cara a la difícil gestión diaria, que haya una gran alianza, una complicidad, que facilite la resistencia ante colectivos que ven afectado su status-quo o intereses.
Quiero felicitarles porque el Ayuntamiento de Sevilla ya tiene esto como seña de identidad. Y en esto siempre hay un riesgo. Decía Brunner “la democracia es un sistema que permite a los ciudadanos desentenderse del destino de la democracia. Y esto actúa como un tóxico adormecedor para los ciudadanos”. Y no podemos olvidar lo que el Premio Nobel Amartya Sen ponía de manifiesto: “no existe ningún país en el mundo que haya pasado una hambruna dentro de una democracia”. Las democracias dan mucho más de lo que pensamos. Ningún país democrático ha tenido jamás una hambruna. Hay que defender lo esencial. Se pueden cometer muchos errores, se pueden generar distancias entra la política y la ciudadanía, pero lo esencial, que son las instituciones democráticas, el acercamiento permanente, hay que conquistarlo día a día y esto contribuye claramente a conseguirlo. No quiero hacer más introducción al respecto.
¿De qué les quiero hablar? Quiero hacer una reflexión útil sobre la economía de nuestro país, y diré que saldremos adelante. Y lo quiero hacer sobre la base de tres ideas.
La primera idea. Creo que ni la década del boom del ladrillo debió nunca ocultar los problemas subyacentes de la economía española, que es la falta de competitividad, y que la nueva crisis financiera puede ocultar que siguen existiendo los mismos problemas subyacentes. Pasó el boom del ladrillo y el problema está ahí, y pasará la crisis financiera y el problema está aquí. Aceptamos la crisis financiera, tomemos medidas fiscales, hagamos ajustes, medidas anticíclicas, pero debajo de todo esto tenemos un problema como país que es la falta de competitividad. De eso depende cómo van a vivir nuestros hijos y nietos, qué va a pasar en los próximos años.
La segunda idea que les quiero trasladar. Para afrontar este reto, aparte de las medidas contra los problemas financieros, debemos hacer dos cosas: una, trabajar todos en el mismo sentido, es decir, unidad como país, y segundo, ser radicalmente innovador. Ya no basta con ser innovador.
La tercera idea. Tengo confianza en este país. Hemos hecho cosas que no ha hecho ningún país. Por lo tanto tenemos que ponernos manos a la obra. Tenemos capacidad porque lo hemos demostrado pero no podemos perdernos en disputas estériles, como muchas veces ocurre, que nos distraen de lo esencial.
¿Qué ha pasado? Hay un problema esencial. El conocimiento y la innovación es la única base de un sistema económico sostenible en todas las facetas, medioambiental, social y sobre todo sostenible en el tiempo. Sólo desde el conocimiento y su utilización eficiente se puede conseguir una economía estable, competitiva, y que reparta riqueza, empleo y bienestar.
Decir esto no es decir mucho, porque lo que quiero decir es que eso es lo que genera desarrollo. Cuando hablo de desarrollo no estoy hablando de crecimiento. Crecimiento es más PIB, y eso me importa relativamente poco, porque hemos crecido mucho más en PIB que todo occidente, y sin embargo nuestro problema es de desarrollo. ¿Y desarrollo qué es? En mi opinión, desarrollo es introducir complejidad, conocimiento, diversidad, es hacer una economía que dé más posibilidades de dar capacidad a la gente. Cuando se estudia por Naciones Unidades el grado de desarrollo de la humanidad, ya no se estudia el PIB porque dice poco. Se estudia la capacidad de los ciudadanos para ser o hacer lo que quiere. El objetivo es tener una economía que haga posible que nuestra ciudadanía pueda elegir qué es lo que quiere ser y hacer. Y esto no se consigue simplemente con crecimiento.
¿Qué ha ocurrido en estos diez últimos años? Hemos crecido mucho en PIB, 10 puntos en 10 años por encima de la media europea, y hemos creado cuatro veces mas empleo que toda Europa. Pero se han ido agudizando los desequilibrios en nuestra economía. Se ha aumentado el diferencial de la balanza comercial, no exportamos nada e importamos todo. Hemos perdido capacidad productiva, estamos al 80% de productividad por trabajo, un 20% menos de la media europea, y además en los últimos años hemos crecido la productividad por trabajo la mitad que Francia, Alemania y Reino Unido. Es decir, se ha ido agudizando esta situación. Además, lo ha hecho de manera especial en el conocimiento aplicado a la producción, donde hemos crecido seis veces menos que estos países. La causa se encuentra en la estructura productiva del país. Apenas producimos un 1% de bienes de equipos de alta tecnología. Estamos centrados en actividades tradicionales, servicios, construcción, turismo, que son sectores con muy baja productividad. Esto se traduce en una escasa capacidad de competir, aparte de la inflación generada por el exceso de dinero circulante en los últimos años. El otro factor determinante es la estructura empresarial. El 99,6% de nuestras empresas son pymes, y hay un estudio que demuestra que una empresa de 20 trabajadores tiene justo la mitad de productividad que otra empresa de 250 trabajadores. Un tercer factor, es que el dinero de los bancos y capital empresarial se ha dirigido a sectores que no aportaban valor añadido y productividad.
¿Por qué ha ocurrido así? ¿Por qué no ha habido más conocimiento? Para empezar, porque empezamos muy tarde. En España no se empezó hablar de I+D hasta el año 1986, cuando se hace por primera vez una ley de la ciencia. Empieza de manera lenta y, con un problema añadido, y es que el discurso mantenido basado en principios de honestidad, pero que a la luz de los hechos no se han sostenido en el tiempo, se ha traducido en que no habido transferencia del conocimiento. Hemos crecido un 80% en producción científica en los últimos diez años, pero no hemos transferido ese conocimiento. Por tanto, nuestras empresas a lo largo de esos años no ha sido receptora de conocimiento que podía haber convertido en valor a través de la innovación. Además llegó la crisis del 92 y cayeron las inversiones en I+D. Prácticamente, hasta el año 1998, no se empieza invertir fuertemente en innovación. Eso sí, de manera espectacular, ha crecido un 300%, ha cambiado la mentalidad, tenemos 12.000 empresas tecnológicas, presencia internacional de empresas. Todo esto son pasos importantes, pero tenemos que hacer algo más, porque innovar está innovando todo el mundo. Los países emergentes ya se creen que la innovación es el elemento clave para avanzar.
¿Qué nos exige esta situación? Nos exige un convencimiento colectivo de que no podemos perder más tiempo en debates absurdos. Prefiero acertar aproximadamente que equivocarme con precisión. Hay cosas que ya no hay tiempo de debatir. Se han perdido muchas oportunidades por debatir y no resolver. Ahora el problema es de supervivencia. Ya no hay tiempo que perder porque nos estamos jugando que nuestros hijos y nietos puedan vivir, por lo menos, como nosotros. Esta es la situación real que estamos viviendo. Y por eso hay que dejar los debates a un lado.
Ahora se nos exige que acertemos en los objetivos, que hagamos unas estrategias eficientes, y que nos pongamos manos a la obra sin perder un momento. Esto nos lleva a la segunda cuestión. La innovación es un tema de los ciudadanos, de la sociedad en su conjunto. Eso es una revolución auténtica e imprescindible. No podemos seguir haciendo las cosas como hasta hora. No podemos caer en la trampa del rito, hacer lo mismo de una forma porque siempre se ha hecho así. Esa trampa es mortífera para un país en estos momentos, porque los demás saben que la competitividad es hacer cosas diferentes a lo que se ha hecho antes y a lo que hacen los demás, y por tanto que no se haga seguidísimo. No conozco otra fórmula de llegar a un punto antes que los demás, si estoy muy atrás, que no sea buscar el atajo. Hay que buscar el atajo y para ello hay que ser creativo, audaz y perder el miedo porque tenemos una sociedad configurada a base de miedos, de represión. Hay que cambiar la forma de afrontar las cuestiones.
Tenemos la última oportunidad de hacerlo bien si queremos seguir en cabeza y si queremos garantizar que las futuras generaciones puedan vivir en un país con un estado de bienestar razonable. Y por lo tanto no la podemos desaprovechar y debemos de ponernos manos a la obra.
El mundo ha cambiado mucho, no se parece en nada al de nuestros padres. Cuando hay un cambio tecnológico las respuestas no pueden ser las mismas que hemos dado antes, y nosotros llevamos mucho tiempo dando las mismas respuestas a los cambios tecnológicos. Ya no caben las mismas respuestas. Esta es una cuestión esencial.
Sabemos qué hacer. El problema es ¿cómo lo hacemos? Quiero poner algunos ejemplos de mi visión personal. Por ejemplo, sobre la burbuja inmobiliaria, una conclusión que hay que hacer, es que los ayuntamientos no pueden estar financiados por un dinero que procede en gran medida de la construcción. La construcción tiene muchos peligros y desde aquí quiero elogiar al alcalde y al ayuntamiento de Sevilla porque es de los pocos que no han caído en la trampa. El modelo de ciudad no puede depender de las necesidades financieras de un ayuntamiento. Y mientras los ayuntamientos vivan de los ingresos de la construcción el problema se repetirá. Ahora es el momento de cambiarlo, de manera que los ayuntamientos decidan el modelo de ciudad en función de un único interés, el de los ciudadanos, y no de las necesidades de pagar una nómina. Esa es la clave y no hay quien le hinque el diente. Ahora es el momento porque no van a ingresar dinero procedente de la construcción durante unos años.
Otro ejemplo. Los problemas del sistema educativo son el fracaso escolar alto, absentismo, y de formación. Educar es ordenar la mente de las personas, y algunos se empeñan en dar una educación basada sólo en un número de contenidos excesivos. Nuestro modelo se basa en los contenidos, y algunos se empeñan en que hay que resolverlo con más esfuerzo. Si nos fijamos en la naturaleza, los mamíferos aprenden jugando hasta que llega el momento del esfuerzo. La educación debe ser un juego para aprender, y no un tostón. Eso no motiva a nadie. ¿Qué tipo de formación podemos dar? Si lo que se hace en una clase es “fotocopiable” los alumnos no irán a clase. Las clases deben ser para desarrollar actitudes y habilidades, trabajar en equipo, enseñar a buscar información, para ser solidarios en el trabajo. Sin embargo, la solución que damos es exigir mayor esfuerzo y más profesores. Porque el problema es que pedimos a los profesores que enseñen lo que no han aprendido. ¿Cómo le vamos a pedir a un profesor que enseñe a ser emprendedor si ellos no lo son? Es muy complicado que enseñen lo que no saben. Por esto hay que cambiar la metodología docente y el entrenamiento del profesorado. Hay que hacer mucho en poco tiempo y con pocos recursos. Ello exige afinar en las estrategias. Hay que invertir en aquello que sea capaz de transformar la realidad que tenemos.
Y si hablamos de I+D+i ocurre lo mismo. Invertir más dinero en I+D+i no significa más y mejores resultados. Somos ineficientes. No hemos acabado el debate de ¿qué investigar? Con el dinero público destinado para la investigación hay que buscarle una utilidad, convertirlo en valor. Además investigar es crear nuevo conocimiento. Tenemos centros de investigación con niveles de ineficiencia altísimos. Hay que hacer cambios en profundidad y tenemos un problema que es la idea de que al investigador hay que premiarlo mediante el reconocimiento y el prestigio. Pero en la actualidad quienes investigan, y sacan patentes y resultados, lo hacen en grandes equipos de investigación, internacionales, trabajando en red, multidisciplinares. Estos investigadores trabajan también para vivir bien. Si queremos tener investigadores hay que ofrecerles algo más para que puedan vivir bien. Y esta idea en este país no está clara, porque se fomenta el individualismo, que es justo lo contrario de lo que hay que fomentar.
Y respecto a la administración pública. La administración pública se configura pensada en que el español te podía engañar. Tenemos una administración hecha desde el miedo. Y ese miedo no la deja actuar. Hay que dar pasos para superar esos miedos aunque se corran algunos riesgos. En este sentido, algunos piensan que hay que adelgazar la administración. Esto es un error, porque esa administración delgada es la que ha provocado la crisis. Es la administración que no controla y deja actuar libremente a los mercados. Por tanto no hay que adelgazar la administración, porque la administración debe repartir rentas, garantizar la paz social, seguridad de las personas y aumentar las libertades y derechos. Esas funciones básicas del Estado no lo hace una administración débil. Por eso es necesaria una administración vigorosa y flexible que se dedique a facilitar la vida a las personas, que dé respuestas a la sociedad, que genere creatividad, que impulse procesos innovadores. Esto sería una administración moderna y ese es uno de los retos más importantes.
Sobre las empresas. Las empresas tienen una tendencia que es ser jerarquizado e individualista, y así no se estimula la creatividad, la innovación, la aportación de ideas. Es necesario un cambio en la mentalidad de las empresas. Son necesarias empresas mucho más horizontales, transversales, donde los trabajadores opinen, aporten ideas, cooperen. Los trabajadores se deben sentir parte de un proyecto porque la innovación está en la cabeza de todos no sólo en la de una persona. Ahí nace la innovación porque todos pueden aportar pequeñas innovaciones. Además innovar es cooperar, por ejemplo, para ir juntos a mercados exteriores, crear un nuevo sistema de incentivos para los trabajadores, un nuevo modelo de formación. En España falta innovación y desde hace mucho tiempo. Este problema lo quieren resolver abaratando el despido. Y ahí no está el problema, porque el abaratamiento del despido se lo han inventado para sacar provecho de la situación. Por ejemplo existen muchos más problemas de flexibilidad.
Creo que hemos hecho cosas inéditas. Hace 20 años este país tenia 5.000 dólares de renta per capita y hoy tiene 35.000. Eso no la hecho ningún país en occidente y además con un cambio político. El gran cambio es el empresariado que teníamos hace 20 años comparando con el actual. Hoy tenemos 100 empresas españolas globalizadas en sectores punteros, y un gran potencial en 135.000 investigadores. Todo lo que hemos hecho nos tiene que dar confianza para lo que hay que hacer.
¿Qué hacer? Primero darnos cuenta de que estamos en una situación muy difícil. Nos estamos jugando el futuro de nuestro país. Lo que vaya a ocurrir en los próximos 25 años, se va a decidir en los dos próximos. Segundo, no es el momento de enfrentarnos. Hay que hacer justo lo contrario, hallar complicidades entre todos. Tercero, en estos momentos es cuando se demuestra la talla de un país. Si no somos capaces de unirnos, tener altura de miras, poner las bases de los próximos 25 años, desde luego no habremos sido inteligentes. Así, que para terminar, sólo decir, que lo que hace falta ahora mismo es poner menos pegas y ser un poquito más patriotas.
Muchas gracias por su atención. |